El turismo de naturaleza como una herramienta para la erradicación de la pobreza

La sostenibilidad constituye un marco de trabajo para el turismo a partir de la política pública (Saarinen, 2015) y para su implementación: el turismo debe considerar el uso adecuado a los recursos naturales sin alterar sus procesos ecológicos esenciales y aportar a la conservación de dichos recursos y la biodiversidad que alberga el área donde se desarrolla la actividad ya que estos son la base del desarrollo turístico (OMT, 2004); respetar la autenticidad sociocultural de las comunidades en los territorios que se desarrolle esta actividad, con el fin de conservar su cultura, arquitectura y tradiciones; así como garantizar la viabilidad de las actividades económicas en el largo plazo con beneficios socioeconómicos para todos los agentes involucrados de una manera equitativa.

Ecuador es un país de importancia global en función de su biodiversidad. La región Amazónica del Ecuador tiene una capacidad ecosistémica amplia en términos de endemismo y diversidad de especies por metro cuadrado; de esta manera, se pueden albergar más de 200 especies diferentes de mamíferos en esta región geográfica que representa el 48% del territorio total del país, con un valor particular en términos de patrimonio natural pues estas especies representan el 44% de la diversidad total de mamíferos en todo el país (Bass et al., 2010). Este antecedente ofrece una arista firme para la comprensión de la vocación natural del Ecuador hacia el turismo de naturaleza, entendido como una actividad con un potencial muy elevado para propiciar el desarrollo social y el crecimiento económico en las poblaciones rurales económicamente deprimidas, en donde los derechos constitucionales no son garantizados y las condiciones de vida son precarias (Fries et al., 2006; Wunder, 1999). En este sentido, el turismo sostenible en ámbitos de naturaleza se convierte en una herramienta en el territorio para promover la erradicación de la pobreza, especialmente en zonas donde la riqueza biológica y cultural se mantienen como el centro de la operación turística y se encuentran reconocidos a través de la asignación de la categoría de Reserva de la Biósfera con su respectiva zonificación (Park & Yoon, 2011).

Sin embargo, es necesario reconocer el sentido “modernizador” que tiene el turismo en relación con la introducción de un modo de producción que es estrictamente dependiente de estructuras de inversión extranjera – o que requiere de ingentes cantidades de inversión tanto en infraestructura como en capacitación para alcanzar estándares competitivos (Mintur, 2015a)  – que en cierta medida constituyen una amenaza directa a la contribución del turismo como una fuente de ingresos para las comunidades locales, en la medida en que los réditos y ganancias en muchas ocasiones salen de las comunidades locales o las personas que ocupan las plazas generadas por la actividad no tienen vínculo con las comunidades (Stronza, 2007). Uno de los argumentos fundamentales para sostener esta afirmación es que, generalmente, los estándares sobre los cuales se trabaja para el diseño de productos son dictaminados por el norte hegemónico a través de las corporaciones transnacionales (Scheyvens, 2011) que generalmente mantienen operaciones más grandes y por lo tanto tienen la capacidad de establecer tendencias de consumo en el mercado global que es donde precisamente se asienta el nicho de mercado del turismo de aventura (Vatn et al., 2011). En este punto, es necesaria la comprensión del rol del estructuralismo como instrumento para el entendimiento de la sociedad y como punto de partida para generar un factor para determinar el éxito de la actividad turística en relación con la reducción de las inequidades, puesto que estas inequidades estructurales son parte de la reproducción de un crecimiento económico desigual tanto en la escala local como nacional (Hughes, 2004).

La inversión pública en el Ecuador en temas relacionados tanto con la infraestructura turística como en la implementación de actividades y la distribución de beneficios es una prioridad para el gobierno del Ecuador, esto a partir de la implementación del Plan de Competitividad Turística en 1999 que aparece como uno de los primeros esfuerzos para ordenar la actividad (Prieto, 2011).  A pesar de esta voluntad de implementación del turismo como una actividad principal, el crecimiento del sector en el país es empírico y espontáneo, las empresas turísticas tienen que encontrar de manera independiente y sin apoyo consistente por parte de las políticas gubernamentales los nichos de mercado, tanto en el segmento receptivo como en el segmento interno. La ausencia de políticas públicas que establezca un ordenamiento del sector ha dado paso a la consolidación de monopolios que en la mayoría de los casos no generan réditos importantes para las economías locales (Oldekop et al., 2013).

Este fenómeno sirve como evidencia para la constatación del efecto directo de las políticas públicas estatales, el marco normativo establecido por el Estado y la orientación del mercado, así como la industria para la elección de actividades productivas entre los actores rurales, quienes directamente vinculados al uso y aprovechamiento de los recursos naturales, tienden a adoptar mecanismos de integración económica al mercado que suplan sus necesidades inmediatas y puedan entrar en su dinámica de producción económica de subsistencia; en el caso de las nacionalidades indígenas agrupadas en las comunidades rurales a la sociedad occidental, en primera instancia, y a través del reconocimiento jurídico ante el Estado como asociaciones de producción agrícola, propiciando de esta manera el crecimiento desordenado de los asentamientos humanos así como la expansión de la frontera agropecuaria sin planificación o zonificación que tiene como consecuencia directa la deforestación y degradación ambiental de recursos que otrora, serían áreas de aprovechamiento turístico permitan sobrellevar la asimilación socio-cultural (Oldekop et al., 2013).

Distribución de beneficios

El turismo, como actividad económica, es caracterizado – al igual que otras actividades económicas –  por las inequidades estructurales políticas y económicas, tanto de manera interna como externa, en relación con los mercados; el ecoturismo tiene, en este sentido, como objeto la distribución equitativa de beneficios a partir de la generación de rentas de manera tal que habilite a una comunidad, a través del fomento de sus capacidades, para la reducción y erradicación de la pobreza (Cater, 2010; Senplades, 2013).

En América Latina, el turismo es visto como parte de una estrategia para el desarrollo local sostenible; sin embargo, persisten las inequidades propias del sistema capitalista, impidiendo que los beneficios económicos alcancen directamente a las personas en mayor necesidad (Beahm, 2011). Con este fin es necesaria la participación directa y representativa de las poblaciones en donde se efectúan las operaciones turísticas o que están relacionadas con la operación turística; de manera que la comunidad pueda influenciar el proceso de toma de decisiones y garantizar una distribución equitativa de beneficios entre todos los actores de la operación turística (Park & Yoon, 2011).

El manejo adaptativo en la administración de los recursos naturales y económicos en las comunidades que forman parte de un sistema de interacción entre la naturaleza y personas que dependen de ella, debe tomar en cuenta adicionalmente las limitaciones que imponen los prejuicios culturales, tanto como las limitaciones en cuanto a capacidades técnicas que pueden dificultar la integración de los miembros de determinada comunidad a los beneficios (administrativos) que conlleva la operación turística (Oldekop et al., 2013). En este sentido, la administración y manejo adaptativo del sistema socio-económico y político cultural, fomenta la participación de los actores locales en las fases iniciales de desarrollo de las actividades turísticas; de manera que, a través de un proceso de generación de conocimiento, se identifiquen las trabas principales que pueden aparecer tanto para la operación turística y la implementación de estándares de calidad occidentales, como para la distribución de beneficios y la permeación de réditos económicos entre los miembros de la comunidad o los intereses sectorizados que pudiesen existir a través de figuras como los cacicazgos (McAreavey & McDonagh, 2011).

La vinculación de la cultura como una forma de cohesión social para la generación de experiencias que son la base del turismo sostenible, por lo tanto es particularmente importante para los grupos de atención prioritaria así como para la población vulnerable, el desarrollo de mecanismos que permitan su participación tanto en las actividades de manera directa como en la distribución de beneficios y réditos producto de la actividad turística, la cual es considerada una oportunidad de integración económica en condiciones de dignidad para estas poblaciones (Leijzer, 2009; UN-DESA, 2009; UNESCO, 2009). Este es un factor especialmente importante para las comunidades indígenas, quienes a través de la cooperación internacional implementan espacios de alojamiento de turismo comunitario para complementar sus ingresos que corresponden a la dinámica recurrente en la Amazonía con base en una economía de subsistencia, ganadería y lavado de oro; las actividades turísticas que realizan son visitas a las comunidades, narración de leyendas, interpretación de plantas medicinales, navegación en canoas por meandros, interpretación shamánica, demostración de técnicas artesanales de lavado de oro y participación en rituales festivos como danza, canciones con instrumentos musicales tradicionales y toma de guayusa (Azebedo, 2008).

La Ilustración 1 permite visualizar la importancia de determinar cómo la función de proximidad o lejanía a un área protegida influye en la rentabilidad económica de una inversión en una actividad económica alternativa, como por ejemplo el turismo. En este caso, es importante considerar el valor agregado que los servicios ambientales y una actividad del sector terciario tiene por sobre la función de aprovechamiento tradicional de los recursos naturales. Así, la elaboración y venta de artesanías es un componente importante que complementa y, en ocasiones es en sí mismo el atractivo, de muchas comunidades indígenas en las áreas rurales, incrementando la importancia de la distribución de beneficios dentro de la comunidad vinculada a la administración del recurso natural (Elliot, Roe, & Walpole, 2010).

 

Ilustración 1 Función de rentabilidad económica según la función de proximidad a un área protegida

Rentabilidad de la actividad turística en función de la lejanía o cercanía a un área protegida

Fuente: (Elliot et al., 2010) con modificaciones.

Paralelamente, la interacción de los turistas con el entorno natural es un componente clave de las experiencias de turismo de aventura. Los turistas de aventura son atraídos a las áreas que   ofrecen   belleza   escénica,   formaciones   naturales   únicas   y   oportunidades   de experimentar actividades  en  ambientes  silvestres  de difícil  acceso.  La mayoría de las actividades de aventura dependen del ambiente para proveer los recursos naturales para llevar a cabo la actividad. Además del entorno natural que proporciona los recursos para realizar las actividades de aventura, el entorno natural crea la sensación de lejanía, pristinidad y aislamiento para que los turistas puedan escapar espiritualmente de su entorno tradicional (Williams & Soutar, 2005); adicionalmente, la percepción de seguridad en la naturaleza que proporciona el entorno natural es una motivación adicional para la elección de entornos de naturaleza y el deseo de inmersión en entornos naturales (Hurtado, 2015).

 

El conservacionismo hipócrita o, tú conserva yo consumo

Uno de los principales problemas de las corrientes ideológicas para el posicionamiento de la conservación han caído en la retórica discursiva de la derecha recalcitrante: resulta, que al momento, los derechosos banqueros dueños de los oligopolios que manejan el sistema económico del Ecuador, son ahora, defensores del planeta.

Vaya ironía.

Bajo el lema de la construcción de una fortuna en el contexto del libre mercado, libre de impuestos, mercadófilo, basado en la producción en masa, de cadenas esclavizantes y opresoras para grupos humanos históricamente discriminados, y sobre los cuales, puestos las botas del poder, han logrado amasar fortunas intensas y exorbitantes se dicen ahora ser parte del pueblo, compañeros de causa y defensores de esa Naturaleza a la cuál ni si quiera reconocen un centavo (ni directamente, mucho menos pagando impuestos) de todo el beneficio, aprovechamiento y ganancias que les ha proporcionado.

Son estos afortunados, suertudos, genios del capital, quienes ahora, desde sus 4×4 subsidiados con gasolina pagada por el Estado (recibiendo más de 10 veces dinero, como beneficio directo del Estado, en subsidio de lo que recibe un/a beneficiari@ del bono de desarrollo humano) flamean las banderas del ecologismo, y sin ni siquiera conocer lo que es movilizarse en bicicleta reduciendo emisiones.

Es necesario que como ciudadanía se exija a todos estos heraldos del capital, la retribución de las externalidades: un resarcimiento a la sociedad de los costos ambientales y sociales que tantas ganancias les permiten acumular durante su “libre” ejercicio de empresarios. No existe manera en la que estas personas hayan llegado a acumular tal cantidad de riqueza sin haber arrebatado la oportunidad de desarrollo a las masas. Tanto es así, que las cadenas multinacionales de ropa explotan a jóvenes, niñ@s y familias enteras para generar costos mínimos de producción; venden la ropa a precios (moderados y a veces irrisorios en Europa, exagerados en Ecuador) para amasar fortunas a partir de establecer tendencias de consumo. Pero son apenas los dos centavos iniciales en la producción, los que fueron a alimentar a las jóvenes y niñas que trabajan en sus textileras y maquilas en países que no protegen a las personas, sino a las ganancias. Como resultado, 46 millones de personas viven en el mundo como esclavos en esta posmodernidad inhumana.

Esta realidad se repite en todas y cada una de las industrias de producción a escala a nivel global. Es una práctica común de la producción capitalista.

Este contexto llama a la reflexión: la conservación de la Naturaleza es un compromiso diario, son en realidad las elecciones diarias que hacemos como consumidores (y modos de producción de quienes tienen propiedad sobre los medios) las que reflejan nuestro deseo por cambiar los modos de producción de las corporaciones. Elige al productor responsable, consume local, castiga a los productores que contaminan el ambiente dejando sus productos en la percha.

Un comportamiento diferente únicamente resulta ser hipócrita, y no nos diferencia de la politiquería corrupta y clientelar que dice “defender la Naturaleza” porque es lo que nos preocupa o “esta de moda”.